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Sunday, February 20, 2011

Carta de Rimbaud a Demeny.

En una famosa carta que le escribe Arthur Rimbaud a Paul Demeny, se lee:

Digo que hay que ser vidente, hacerse vidente. El poeta se hace vidente por un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos. Todas las formas de amor, de sufrimiento, de locura; busca por sí mismo, agota en sí todos los venenos, para no quedarse sino con sus quintaesencias. Inefable tortura en la que necesita de toda la fe, de toda la fuerza sobrehumana, por la que se convierte entre todos en el enfermo grave, el gran criminal, el gran maldito, — ¡y el supremo Sabio! — ¡Porque alcanza lo desconocido! ¡Porque se ha cultivado el alma, ya rica, más que ningún otro! Alcanza lo desconocido y, aunque, enloquecido, acabara perdiendo la inteligencia de sus visiones, ¡no dejaría de haberlas visto! Que reviente saltando hacia cosas inauditas o innombrables: ya vendrán otros horribles trabajadores; empezarán a partir de los horizontes en que el otro se haya desplomado.

La carta fue escrita en 1871, cuando el poeta tenía 16 años.

Monday, December 13, 2010

"Fórmula infalible para hacer un buen cuento gratis click aquí."

Creo tener una buena fórmula para perfilar un cuento, y algunos apuntes que no se deben olvidar. En primer lugar, un buen cuento sin tema es completamente intrascendente. Podrá relajarte pero al dar la vuelta a la página habrás olvidado de que trataba. Por otro lado, un cuento sin argumento interesante corre el riesgo de aburrir al lector tanto como un ensayo filosófico o el canal del Senado. Es importante mezclar de manera correcta ambos elementos, de la siguiente manera:

Cuento = tema + argumento

Sin pretender haber encontrado el hilo negro, ahora creo que todo buen cuento reconocido por el tiempo, no carece de estos dos elementos en buena medida.

Por último, en estos tiempos donde nadie lee, no está de más crear un buen gancho que atrape desde el inicio la atención del lector. Algo como “El vampiro le arrancó un beso antes de que llegara el lobo” o como dijeron mis buenos amigos del taller, que mejor gancho que este: “Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto.” Ahí tienes el mejor gancho de todos.

Sunday, December 5, 2010

Apuntes de literatura: Lugares comunes.

Lugares comunes

Al leer Crimen y castigo pienso en este horroroso lugar común: Una situación de muchísima tensión construida o solucionada por el hecho de que algún personaje estaba escuchando la conversación entre los protagonistas desde otro cuarto.

Otro lugar común es que, al desarrollar dos historias paralelas, los personajes terminen cruzándose unos a otros para poder darle resolución a los conflictos. Al menos, no hay que abusar de este recurso.

Por ejemplo en Kafka en la orilla. El protagonista, un niño de quince años, huye de su casa por la relación tormentosa con su padre. Extraña a su madre y hermana de las que no sabe nada desde bebé. Por otro lado, Satoru Nakata es un viejo tonto que habla con los gatos. Comete un extraño asesinato. El asesinato resulta ser el del padre de Kafka, lo que detona la trama para que sus destinos se vayan interrelacionando.


De una especie de diario con apuntes que quiero empezar a llevar.

Saturday, September 25, 2010

Roberto Bolaño: El escritor y su oficio

Aquí dejo constancia de algunos consejos un tanto humorísticos del escritor chileno Roberto Bolaño. Como todo en el arte y en la vida, nada es cien por cien verdad, pero vale la pena escucharlo:

Como ya tengo 44 años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos.

1. Nunca abordes los cuentos de uno en uno. Honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.

2. Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco.
Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.

3. Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.

4. Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.

5. Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.

6. Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.

7. Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel.

Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval!

8. Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.

9. La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.

10. Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.

11.Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.

12. Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.

Monday, September 13, 2010

Augusto Monterroso: Decálogo del escritor

Me gustaría inaugurar esta sección de creación literaria con esta buenísima lista de argumentos de Monterroso (hondureño, 1921 - 2003) entendiéndose que todo lo que se diga puede ser tirado por la borda si se tiene algo mejor que decir.

Primero.
Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.

Segundo.
No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.

Tercero.
En ninguna circunstancia olvides el célebre díctum: "En literatura no hay nada escrito".

Cuarto.
Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.

Quinto.
Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.

Sexto.
Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.

Séptimo.
No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.

Octavo.
Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.

Noveno.
Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.

Décimo.
Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.

Undécimo.
No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.

Duodécimo.
Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratará de tocarte el saco en la calle, ni te señalará con el dedo en el supermercado.
El autor da la opción al escritor de descartar dos de estos enunciados, y quedarse con los restantes diez.